La estrella mundial del pop Madonna visita Malaui, una vez más, con el propósito de celebrar el primer aniversario de un centro médico, que lleva el nombre de uno de los cuatro niños que adoptó de este país del sureste africano.

La cantante estadounidense visitó este lunes el Instituto Mercy James para Cirugía Pediátrica y Cuidados Intensivos en el Hospital Central Reina Isabel en Blantyre. Su fundación benéfica fundó el centro, cuyos logros incluyen la primera separación exitosa de bebés siameses en Malaui.

Madonna conoció a la madre y la tía de los mellizos. La cuál le relató las diversas vivencias que han pasado los infantes a lo que la cantante escuchó atentamente y le contestó que para ella fue bueno «darles esperanza».

Mientras Madonna visita Malaui está considerando un nuevo proyecto en Malaui, gracias a su hijo adoptivo David Banda. Dicho plan consistiría en crear una academia de futbol. Esto se debe a que David Banda dice que sueña con que Malaui llegue a la Copa del Mundo.

El hospital Mercy James de cuidados intensivos y cirugía pediátrica localizado en Blantyre, la segunda ciudad más grande de Malaui, fue construido por la fundación Raising Malawi, la cual pertenece a la cantante. La artista estuvo presente en la apertura oficial del centro médico y en ella participaron también los cuatro hijos que la cantante ha adoptado en Malaui.

Fue durante la inauguración que Madonna bailó música folclórica local con sus cuatro hijos en una ceremonia en la que se pudo ver a la estrella de la pop emocionada. Su hija Mercy subió al podio para agradecer a su madre su apoyo a «tantos niños en Malaui» y concluyó su discurso con un «mamá, eres la bomba».

También la primera dama de Malaui, Gertrude Mutharika, agradeció la colaboración de la cantante con su país diciendo: “Madonna es símbolo de un espíritu maternal». Y añadió que el hospital era el «orgullo nacional» de Malaui.

El ministro de Salud, Peter Kumpalume, explicó que el hospital ayuda a salvar vidas de recién nacidos en un país donde la mortalidad infantil sigue siendo una de las más altas del mundo, a pesar de haber disminuido a 42 muertes por cada mil nacidos vivos en 2016, cuando en 1992 la tasa de decesos era de 135 niños por cada mil.